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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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Teoría Inversa




Anteriormente vimos la forma en que una persona tiende a alternar entre los puntos de vista télicos y paratélicos; por ejemplo, para invertir el estar experimentando excitación y cambiarlo hacia un punto de vista con una meta dirigida por la ansiedad, debido a una contingencia; se hará un intento por resolver este problema a fin de reducir la excitación a un estado télico de relajación más agradable.

Alternativamente, una inversión puede ocurrir después de un período prolongado de relajación, a un menos agradable estado paratélico de aburrimiento; se hará entonces un intento para aumentar la excitación y moverse a un estado paratélico de excitación más agradable.

Cada uno de estos movimientos es un componente necesario del proceso de aprendizaje. El estado paratélico, por su naturaleza abierta y su necesidad de explorar, expande el repertorio del comportamiento. En el estado télico se pone a prueba la eficacia de las habilidades adquiridas, y se modifica durante los intentos por recuperarse de la ansiedad que evocan las situaciones de emergencia. El crecimiento ocurre con pequeños pasos, y cada paso hacia delante es posible gracias a la sensación de un estado télico de seguridad, un punto de referencia antes de la próxima ola de actividad paratélica.

Esto se puede ver con claridad en el comportamiento de los niños pequeños. Un niño que entra a un espacio desconocido con su madre, tenderá a sujetarla fuertemente de la pierna (en una apuesta télica por seguridad) mientras explora la habitación con sus ojos. Después de un rato, se alejará un poco, verificando la presencia de la madre constantemente, hasta que al fin, la excursión se extiende mucho más lejos, reestableciendo el contacto físico o visual entre la madre y el niño entre cada exploración (que no se están emprendiendo en estado paratélico). De esta forma el niño explora el mundo peligroso y desconocido. Sin embargo, si la madre desaparece de pronto, el niño se volverá tímido y perderá el interés en su reconocimiento del mundo, sólo estará interesado en volver a la seguridad con la madre y tal vez pierda el control sobre habilidades que ya había adquirido; gateando en vez de caminar, por ejemplo.

Si después de una dura experiencia no ha transcurrido el tiempo necesario para relajarse, de tal manera que se haya podido digerir la experiencia, o si no hay suficientes habilidades disponibles para resolver la situación después de haber encontrado problemas, no le será posible regresar a la actividad paratélica y terminar la secuencia integradora a la que nos referimos en el esquema anterior. En su lugar ocurrirá una fijación (porque no hay alternativa) compulsiva de la reacción evitada. Resultará en un aumento en la rigidez y en un comportamiento estereotipado, con un menor nivel general en las habilidades. Si la situación es traumática, duradera o se repite con regularidad, quedará impresa una neurosis: un patrón de comportamiento que se reactiva en condiciones similares.

Cuantas más situaciones se hayan experimentado, reexperimentado y, después digerido y dominado, convirtiéndolas en familiares y tranquilizadoras, más fácil será alcanzar la relajación en cualquier situación problemática (ansiedad) induciendo el estado télico, en especial si esas experiencias y habilidades tienen cierta relevancia para el problema. Es más probable desarrollar nuevas habilidades, hacer frente y dominar, en las zonas de la experiencia que ya han sido debidamente integradas y dominadas en otras áreas de la experiencia. El entrenamiento con un programa que tenga una secuencia apropiada es valioso; la práctica repetida hacia una alta eficiencia en condiciones de estrés, sirve para desarrollar habilidades que tienen una amplia aplicación general.