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Transacciones




Considere lo que es que haya ganado un juego o que lo haya perdido. Imagine, por ejemplo, que usted acaba de salir de la cancha de tenis, cansado y sudando, después de haberle ganado a alguien a quien ha intentado derrotar por largo tiempo, o que acaba de perder con alguien que considera con menos habilidad. Usted puede estar experimentando una emoción somática interna, como la emoción o la ira, pero también sentirá una emoción transaccional, como el triunfo o la humillación; las emociones que surgen en particular de las relaciones y transacciones con otras personas o situaciones.

En la interacción con otra persona uno siempre se pone a sí mismo en primer lugar, o pone al otro en primer lugar. En otras palabras, uno tiene empatía y se identifica con el otro, o no; cualquiera que sea lo que suceda en uno mismo o en la persona que sea su principal preocupación. Esta es la diferencia entre una acción auto-determinada o determinada-por-otro. Refiriéndose al diagrama de la estructura emocional, considere dos escenarios.

El primero se refiere al modo de dominio, lo que implica de alguna forma “estar por encima de todas las cosas”, en control suficiente como para poder hacer las cosas a su manera. Por lo tanto si intenta imponer su necesidades sexuales a otro, dependiendo de si tiene éxito o no, usted sentirá algún grado de orgullo por su destreza y su ser irresistible, o de humillación e impotencia por su falta de atractivo. Si por el contrario, pone su interés en primer lugar en el otro, entonces, cualquier sentimiento porque haya tomado ventaja del otro será asociado con vergüenza; mientras que la autodisciplina será asociada con modestia.

O considere otra situación en el modo de simpatía: hacer con la necesidad de cuidar, atender y dar. Suponga que está en una fiesta. Si se muestra egoísta, sentirá gratitud o resentimiento en la medida en que los otros pongan su atención en usted. Pero si se identifica con los demás, el reconocer que usted ha sido egoísta y que no ha puesto atención en nadie más, le producirá sentimientos de culpa, en cuyo caso un interés activo por los demás durante el resto de la fiesta finalmente producirá sentimientos de virtud.

La perturbación ocurre dentro de estas estructuras. Cuando una persona utiliza estrategias inapropiadas o antisociales para satisfacer sus motivaciones; si sus estrategias son inadecuadas y es incapaz de satisfacer los modos en que se encuentra; si no está en condiciones de llevar a cabo una inversión en el momento adecuado en relación a las circunstancias; o si tiene una fijación en un estado en particular. (Por lo general, la inversión se llevará a cabo cuando las necesidades de un estado se han satisfecho o se han frustrado, o si hay alguna contingencia que intervenga).

Esto puede convertirse en una forma neurótica; por ejemplo, en caso de ansiedad-depresión, hay una incapacidad para invertir hacia el modo télico y reducir los niveles de excitación; o las estrategias inadecuadas dan lugar a compulsiones y mayor ansiedad; en consecuencia, esta persona se preocupa no sólo acerca de las metas que persigue y que originan ansiedad, sino también acerca de la ansiedad en sí misma, que se añade a la excitación y termina por provocar ataques de pánico, y en otros momentos un sentimiento de impotencia.

El aburrimiento-depresión, por otra parte, es un fracaso para invertir desde el estado paratélico y, sin embargo, la imposibilidad de lograr las satisfacción en ese estado, por lo que la persona experimenta aburrimiento en muchos ámbitos de la vida, especialmente el sexo, dormir y comer, y se siente desesperada.

El delincuente se encuentra preso en el estado paratélico y cuenta con algunas estrategias eficaces, pero que son socialmente inadecuadas; sólo puede lograr la excitación que busca a través de comportamientos extremos, a menudo a expensas de otros, como el vandalismo o la agresión injustificada (el predominio del estado negativo también puede estar implicado aquí).

Un conjunto de respuestas emocionales pueden estar presentes en cualquier momento. El individuo está continuamente en busca de realizar transacciones en el mundo, para tomar de él y hacer balance. En este estado de reflexión (sobre todo en la relajación télica), estará más consciente del éxito de su esfuerzo transaccional y la emoción que surge de ello. Si ha tenido éxito, sentirá orgullo, modestia, gratitud o virtud, dependiendo del modo en que haya operado; si ha fallado, sentirá humillación, vergüenza, resentimiento o culpa. Esto incentiva acciones futuras, ya sea en los modos anteriores si las cosas han ido bien, o quizás con un elemento de inversión si no ha sido así. Esta evaluación también está matizada por una respuesta emocional que no es estado-dependiente, sino que se basa en el éxito o el fracaso que perciba se ha producido durante la operación.

Esta escala asciende de acuerdo al grado de éxito en llevar a cabo una determinada intención (en particular la principal en la vida: “sobrevivir”), y se corresponde con el “tono propio” del individuo y la cantidad de energía psíquica disponible para determinadas acciones hacia objetivos creativos y, si es necesario, inversiones de la motivación. La escala también se corresponde con la secuencia de reacciones emocionales experimentadas cuando se confronta una amenaza a la supervivencia.

Éxito - Transformación

REGOCIJO
ENTUSIASMO
ALEGRÍA
FUERTE INTERÉS
SATISFACCIÓN
LIGERO INTERÉS
COMPLACENCIA
ABURRIMIENTO
AMBIVALENCIA
IMPUESTO A
REBELDÍA
HOSTILIDAD
ENFADO
ODIO
RESENTIMIENTO
HOSTILIDAD VELADA
ANSIEDAD
TEMOR
DESESPERACIÓN
PROPICIACIÓN
PENA
CULPAR
VERGÜENZA
APATÍA
DESINTERÉS

Fracaso - Estancamiento

El éxito es el logro de una intención, y el éxito percibido o la frustración de las motivaciones transaccionales, provocará una emoción en la escala anterior que afectará también a la motivación que la acompaña (somáticas y transaccionales) y la interpretación de la persona acerca de las circunstancias en curso, posiblemente, precipitando una inversión.

Acompañando cualquier intención hay una identidad, un rol o “forma de ser” apropiado para realizar la intención y conseguir el propósito. Así que este es un ciclo de acción: SER, HACER, TENER. Cuando la intención se ha logrado o se ha abandonado, ya no hay un rol para esa identidad.

Al mirar la escala emocional, podemos observar que en los niveles superiores la estrategia de la persona implica movimiento hacia: ser causativo - confrontando y manejando cualquier barrera que impida la comprensión - y estar en control. A la mitad de la escala están las acciones dirigidas contra los obstáculos percibidos o amenazas, con intención destructiva. Hacia la parte inferior de la escala, la dirección del movimiento se invierte para alejarse de la situación; la persona está siendo el efecto de esta; en lugar de manejarla, trata de evitarla.

En la realidad mental, la aversión o el rechazo son represión. Una negación a ser conscientes de algo, “barrerlo bajo la alfombra” y olvidarse de ello. Cuando se hace esto mientras se reflexiona acerca de qué es lo que ha ido mal, el resultado es que la persona no aprende el comportamiento de adaptación (realista). Las estrategias de represión incluyen las siguientes:

  • Falla al percibir. El ciclo de aprendizaje puede interrumpirse en el punto de percepción, la persona puede filtrar subconscientemente la percepción sensorial, puede dejar de prestar atención concentrada, puede parecer extraviado, o puede desmayarse.

  • Falla al interpretar. La persona puede haber percibido la realidad, pero se niega a hacer la interpretación “evidente” o a pensar más sobre ello.

  • Falla al verificar. Incluso si hay una interpretación en mente, la persona puede encontrar esto demasiado incómodo y se niega a verificar (o refutar) la misma.

  • Falla al aceptar. La persona se niega a aceptar algo que “sabe” y que ha descubierto que es cierto. La interpretación se invalida. Este es el mecanismo de defensa de la negación. Alternativamente puede validar otra interpretación (anteriormente rechazada) y sentirse incapaz de decidir cuál es la “correcta” con el fin de posponer la decisión.

  • Engaño. La represión cuenta a menudo con ayuda, al introducir la ilusión: distorsión, alteración o invención de una interpretación aceptable de los hechos. La racionalización es una forma de engaño: diversas razones y justificaciones que eviten el quid de la cuestión, la verdad incómoda.
Lo que hemos examinado es un modelo complejo, pero modelos previos más simples han fallado en considerar la compleja estructura de las intenciones paradójicas que subyacen en las emociones, y que ocasionan una increíble diversidad y aparente imprevisibilidad del comportamiento humano. Además, es necesario tomar en cuenta otros factores de las COEX, y el efecto que tienen en las transacciones.