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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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Creencias Primarias




Las primeras transacciones de un niño son con sus padres, y una vez que ha cursado su primer programa de bio-supervivencia con su madre, el segundo programa emocional-territorial se graba en momentos cruciales de la implicación con el padre y con los otros. Reconoce el territorio, quién lo domina y el papel que ocupa en la jerarquía de autoridad. Las futuras inclinaciones de dominio y simpatía están en desarrollo y empiezan los ciclos de aprendizaje.

Estos primeros COEX, construyen disposiciones innatas (“arquetipos” genéticos para la activación de los programas neurológicos) con nuevas adaptaciones aprendidas en el entorno del menor. El pequeño, construye más allá en base a este principio e intenta satisfacer sus necesidades en un mundo que parece serle hostil o inconveniente a sus necesidades. Dado a que esas necesidades se suelen satisfacer, el niño reprime los sentimientos que las acompañan y usa otras estrategias. El niño, cuando establece estas estrategias dentro de una estructura de creencias, literalmente está escribiendo el guión de su vida. Su propias soluciones y adaptaciones ante los desafíos de la vida.

En la vida adulta, estas creencias primarias, que no han sido verbalizadas, se mantienen pero son reprimidas detrás de una estructura de creencias secundaria, construida años más tarde (cuando el lenguaje y el tercer programa semántico han sido registrados), mientras que el nuevo aprendizaje y las perspectivas exponen los defectos en el comportamiento basados en las creencias primarias.

Cuando la persona está bajo estrés, puede empezar a pensar y actuar de modos que son respuestas a las creencias primarias y secundarias, en vez de a la realidad del aquí-y-ahora. Bajo estrés, las defensas represoras del cerebro superior “pensante” (que contiene las creencias secundarias) contra el cerebro bajo “que siente” (que contiene las creencias primarias), tienden a fallar. A través del hemisferio derecho, las creencias primarias se expresan a través de emociones no verbalizadas; en el hemisferio izquierdo se expresan de forma simbólica, esto es, con racionalizaciones engañosas, distorsiones y sustituciones insertadas en la secuencia de pensamiento de la persona.

Fuera de consulta, es improbable que los sentimientos encuentren expresión (no simbolizada) suficiente; también, la mayoría de las personas están lejos de lograr una comunicación completa entre los hemisferios para poder asociar las expresiones emocionales con las simbólicas. De esta manera, las creencias primarias se activan pero su expresión se mantiene fuera del inconsciente. Mientras tanto, la persona no se puede explicar los patrones repetitivos de comportamientos, pensamientos y sentimientos mal adaptados causados por estos COEX negativos (de experiencias condensadas y alteraciones asociadas a las creencias primarias y secundarias).

Dado a que los infantes forman sus decisiones sin palabras (con excepción de las órdenes “implantadas” por los padres), cualquier descripción verbal sólo será una aproximación a la experiencia real del niño: borrosas imágenes cambiantes cargadas de emoción que no guardan relación con la lógica de la vida del adulto.

Las decisiones en edad temprana se hacen en base al pensamiento mágico, en vez de una forma de pensar conceptual de causa-y-efecto en un niño más grande. Tienden a ser globales y dramáticas, de importancia catastrófica en materia de supervivencia, autoestima, y mantener el amor y atención de los padres. Hechas en circunstancias traumáticas, la esencia de estas creencias tiende a ser:

Yo no debería existir

Yo no debería demandar

Yo no debería confiar

No me deberían notar

Yo no debería acercarme

Yo no me debería resistir

No debería ser yo mismo

Yo no debería decir

Yo no debería jugar

No debería equivocarme

Yo no debería sentir

Yo no debería tomar

Afortunadamente un niño pequeño no puede actuar estas creencias y llevarlas a cabo con implicaciones tales como la creencia “Yo no debería existir”; sin embargo, un niño mayor si puede, y por tanto, las creencias primarias las reprime y las incorpora a su sistema de creencias secundario de defensas, y revisa para prevenir que él mismo actúe las creencias primarias. Una creencia secundaria usualmente está compuesta de dos creencias primarias, con una cuidando que la otra no falle; por ejemplo, “Yo no debería existir” combinada con “Yo no debería acercarme”, harían la creencia compuesta “Está bien que yo me las arregle, en tanto no cuente con nadie”. Cuando tal creencia primaria no se revisa, podría convertirse en un punto de peligro en análisis, de tal manera que confronte y maneje la carga involucrada; esta es la vía para llegar al camino espiritual, y todos los que pretendan andar ese camino, deben ser valientes en momentos críticos y hacer el esfuerzo necesario.

Las creencias secundarias se establecen dentro de la mente del tercer programa semántico (alrededor de los 4-5 años de edad), y por tanto, son básicamente verbales. Usualmente, este sistema de creencias contiene una gran cantidad de eslogans, consignas, generalizaciones, definiciones, invenciones y juicios de valor que han sido aprendidos de los padres o figuras paternas, y fueron aceptados sin crítica, bajo coacción o en tiempos vulnerables. Pueden contener aseveraciones que fueron verdaderas o falsas, entonces o ahora, pero pueden ser inestables.

El sistema de creencias de la persona refleja su bagaje cultural, así como también la influencia de sus padres y la escuela; y eso acarrea estereotipos raciales, sociales y sexuales, así como todo un alojamiento de normas de comportamiento que difieren de cultura a cultura. Es importante señalar, que el “guión” de la persona también contiene un grupo de demandas de actuación, “haz” y “no hagas”, que fueron impuestas por los padres o figuras paternas. La motivación subyacente en el niño es ser aceptado por el padre interno.

Mientras que mucho de este sistema de creencias puede ser información valiosa y programación, parte de ella, usualmente no lo es. Cuando la persona madura hace cualquier movimiento que pueda contradecir una de las demandas, escuchará en su mente el regaño que hubiera recibido como niño cuando desobedeció la demanda original (“¡No, no! ¡Sólo los niños malos hacen eso!”). Algunas veces la persona se identifica con el padre y proyecta su demanda hacia otros (“la masturbación es inmoral”). Cuando alguien dice “tú” y quiere decir “yo”, lo que sigue suele ser un postulado del sistema de creencias de la persona (“si tú no lo entiendes a la primera, tú deberías seguir tratando, ¿no te parece?”). v Las demandas en una persona y las que le hace a otros, las ve como ideales ante los que se siente obligado a ajustarse. Cuando dicho ideal entra en conflicto con una creencia básica que la persona tiene acerca de sí mismo, entonces resulta un conflicto estructural: “Yo debo ser poderoso; yo soy impotente”. La persona oscila hacia delante y hacia atrás, tratando de persuadirse que él es poderoso; al fallar de alguna manera en probarlo, esto vuelve a quedar tan solo a nivel de una creencia. Es bastante común que una creencia sea muy dolorosa de confrontar, así que la persona racionaliza y considera que es la realidad la que entra en conflicto con el ideal, no él; y que él es una víctima de las circunstancias y el efecto de los demás.

Para darle la vuelta a esto, intenta manipular y controlar la realidad (su propio comportamiento y el de los otros), ya sea para probar que el ideal es verdadero, o para probar que no es su culpa si no puede alcanzarlo. El problema no es la creencia en sí misma, sino la resistencia de aceptarla junto a las dolorosas estrategias manipuladoras que resultan de ella. De hecho, la única solución es aprender la realidad objetiva y aceptar la creencia; sin la carga que trae (el esfuerzo por resistir), pierde su poder. El esfuerzo por resistir algo le da un poder implícito y persistencia.

Los siguientes son ejemplos de creencias (usualmente reprimidas) y estrategias que la persona debe declarar para reducir el conflicto:

Yo soy impotente
Yo tengo que controlarme
Yo soy indigno
Yo no puedo confiar
Yo no pertenezco
Yo no tengo la capacidad
Yo no soy suficientemente bueno
Yo tengo que ser perfecto
Sólo mi manera es correcta

ESTRATEGIA

Crear las condiciones para ser una víctima.
Dominar a las personas; ir por ellos antes de que ellos vengan por mi.
Cederle el poder a los demás, no puedo hacerlo.
Manipular a las personas (ellas tienen el poder), a fin de obtener lo que quiere.

Limitar sentimientos, pensamientos y acciones.
Que otros lo controlen, al actuar usted fuera de control.
Vivir de acuerdo a muchas reglas: “no hagas” y “no debes”.
Crear visiones de consecuencias terribles por sus acciones.

Buscar aprobación; hacer cosas que haría una buena persona.
(Subconscientemente) arreglárselas para ser rechazado.
Llamar la atención acerca de sus propias faltas.
Convertirse en centro de controversia: ¿cómo es que la gente me acepta?
Abandonar las situaciones antes de que los otros sepan que usted es indigno.
Interpretar las cosas siempre “en relación a usted”.

Ir por sí solo, hacer que las cosas sean previsibles, demandar garantías.
Tener mucho cuidado, hacer reglas.
Engaña. Entrampa a otros para que fallen.
Crea condiciones para destruir o probar.
Busca maneras para encontrar que el otro es indigno.

Ser extraño, raro o censurable.
Asegurar que tiene un lugar y un rol.
Ser conformista; hacer las cosas para que no lo expulsen.
Ser un ermitaño, incluso cuando está con otras personas.
Actuar como un idiota para no ser amenazado.
Aferrarse a un grupo; considera a los de afuera “distintos a nosotros”.

Llenarse de una enorme cantidad de trabajo por hacer.
Sólo intenta hacer cosas que sabe que puede hacer.

No intenta. Excesos por obtener logros (por ejemplo, 3 o 4 doctorados).
Desestima el reconocimiento y piensa que no cierto.
Sospecha de cualquier logro que no requiera sudar sangre.

Nunca empieza. Se prepara en exceso para las ocasiones.
Encuentra errores en los demás para demostrar que no es el único.

Compromiso rígido con una forma de hacer las cosas.
Fomenta una creencia para salvar a otras personas.
Hacerlo a la manera de otro y fallar para tener una excusa.
Concentrarse en la forma en que se hace en vez del porqué.

Uno de los escollos de la terapia es que el cliente puede sentir la obligación de cambiarse a sí mismo para coincidir con un ideal o “norma oculta” que entra en conflicto con una creencia subyacente acerca de sí mismo o idealización. Hasta que esta norma no sea expuesta, su ganancia durará poco, ya que las estrategias de manipulación (hacen inversiones desde un lado del conflicto al otro) la socavan.

La imposición de esas normas e ideales, es a menudo el resultado de otro determinismo que afecta a la persona: se identifica con el punto de vista de otra persona acerca de la forma como debe ser, las cosas que debe hacer, o los objetivos a los que debe llegar. La otra persona puede tener buenas intenciones, pero en realidad la identidad de la persona afectada está siendo reprimida. No tiene iniciativa propia y es incondicional, y no trabaja hacia objetivos que sean realmente expresivos, pero no obstante, se siente presionado para coincidir con el ideal que se le ha sugerido, así que es probable que permanezca en el modo télico y se ponga ansioso con facilidad cuando surjan los problemas.

Para salir de una situación problemática porque el sujeto tiene un conflicto de intereses, puede estar haciendo un mal manejo de la situación y, en efecto, estar cometiendo lo que siente que son actos fallidos, así que prefiere esconderlos, causando aun más enajenación. Luego siente necesidad de encontrar motivos para justificar sus acciones (o falta de acciones). Si la justificación es poco creíble, se ha arrinconado a sí mismo, y como solución, se ve a sí mismo como el que tiene la razón y a los otros como que están equivocados. Entonces se lo cree y la justificación se convierte en una idea fija, una parte añadida a su sistema de creencias que puede usar tantas veces como le sea necesario.