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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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El sistema del orgullo




El conflicto central dentro de nosotros, en el núcleo de la experiencia en esta vida, es el causado por el sentimiento de inferioridad; la impotencia aprendida (reforzada por el sufrimiento, temor y ansiedad) en la infancia, en conflicto con el sentido fundamental heredado (arquetípico) y espiritual del Self. Como una solución a este conflicto, se desarrolla el ego que se fortalece y organiza contra la ansiedad utilizando mecanismos de defensa, en particular al identificarse con un self idealizado. Esto produce un falso (egotista) orgullo, una compensación irrealista por las insuficiencias que sentimos, que también resulta en odio hacia uno mismo por haber fallado en vivir a la altura de las idealizaciones.

El “falso orgullo” versus el “odio hacia sí mismo”, se convierte en la nueva estructura de conflicto, que produce estrategias compulsivas para alcanzar las demandas internas (el ideal de los padres, “debes”, que ha sido aceptado y con el que nos hemos identificado), así como la construcción de modelos internos de comportamiento instintivos (arquetipos posteriores). Las emociones y sentimientos que no se adaptan al nuevo yo idealizado, son reprimidos y negados.

Si funcionan las estrategias compulsivas, se refuerzan las identidades idealizadas. Esas estrategias involucran tres direcciones básicas:

  • MOVERSE HACIA LOS OTROS. En busca de protección y aprobación; al restringir las demandas propias e idealizar a los otros, es “amante y sumiso”. Los propósitos e impulsos reales se clausuran para ajustarse a las repetitivas tareas diarias.

  • MOVERSE CONTRA LOS OTROS. Soluciones expansivas, en busca de dominio; mediante la búsqueda de admiración y ser mejor que los otros; arrogante, vengativo; a través del dominio, control agresivo y el uso de normas perfeccionistas. Justifica acciones para hacer daño a los demás al racionalizarlas (“Tengo la razón y ellos están equivocados”); sin ver las consecuencias de sus acciones. Si no puede ser tan bueno, entonces destruye, arruina, anula la situación de los demás.

    Si existe oposición sin resolver, se establece un ideal más bajo que se pueda alcanzar, pero si piensa que no le es posible conseguirlo, se convierte en una víctima desvalida que pide disculpas y utiliza enfermedades psicosomáticas para obtener simpatía.

  • MOVERSE LEJOS DE LOS OTROS. Soluciones resignadas en un intento por inmovilizar los conflictos; retraimiento al no asumir su autosuficiencia y desapego; exceso de sensibilidad a la crítica; negativa a cambiar o contribuir; refugio en trivialidades; control de las emociones, nunca deja que las cosas sucedan e intelectualiza; elusivo y negado a comprometerse consigo.
Las estrategias compulsivas se aplican inconscientemente, de forma inapropiada y rígida. Al encontrar que la imagen idealizada no se corresponde con el mundo real, trata de hacer que el mundo real se corresponda consigo, manipulando y haciendo demandas a los demás. Otras defensas que pueden adoptarse en esta estructura de conflicto son:
  • PROYECCIÓN. Atribuir las emociones y deseos propios (en particular, el odio a sí mismo) a otras personas; lo que conduce a la paranoia.

  • EXTERNALIZACIÓN. Estar preocupado por cambiar a los otros, falto de vida interior; el odio hacia sí mismo proyectado hacia el exterior.

  • MENTIR. Retener la verdad de sí mismo y otros. Convertir necesidades compulsivas en beneficios: sosegarse para la bondad, dependencia para amar, inconsistencia para la libertad.

  • PSICOSIS. Cuando la ansiedad es especialmente grave, la neurosis se convierte en psicosis; una pérdida de contacto casi completa con la realidad externa. La ruptura del ego es la última defensa.
Sin duda es necesario reestablecer contacto con los sentimientos reprimidos involucrados en este conflicto central, aquellos por los que el apabullado niño inocente llegó a la conclusión de ser impotente y dependiente, y en necesidad de ser apoyado y defendido. Cuanto más cuidado amoroso recibió el bebé, más posibilidades habrá de haya establecido el programa de bio-supervivencia que le dé un sentido de seguridad desde el cual aventurarse más adelante. Pero aun en las circunstancias más favorables, el nacimiento y las abrumadoras sensaciones de la infancia habrán instalado una reserva de sufrimiento primario que de alguna manera debe ser liberado para rehabilitar al Self real y funcionar por completo, con un ego que guarda una clara postura defensiva, pero que ha aprendido las herramientas para vivir con todo su potencial una vida personal expresiva y creativa.