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Inconciencia




La inconciencia no es simplemente la ausencia de conciencia; es un proceso activo para ayudarnos a sobrevivir, ya que bloquea que los sentimientos abrumadores alcancen la conciencia. Es un proceso de desconexión para prevenir la sobrecarga de estímulos de los que ya no es posible escapar. Pelear o alejarse, ya no son soluciones. Cuando a uno lo golpean en la cabeza no hay opciones. Cuando uno es forzado a atestiguar un acto de violencia, no hay opción. Pero en general, la sobrecarga ocurre cuando nuestro sistema de valores adquiridos no permiten opciones. Así, alguien nos ofende y aprendemos a poner la otra mejilla: no debemos golpearlo o correr lejos de ellos.

Pareciera que la tensión es resultado de la presión entre conciencias separadas que no están integradas, una quiere esto, la otra quiere aquello; un conflicto estructural. Esta falta de integración es el resultado de bloqueos. Parte del cerebro que se vuelve inconsciente para prevenir la sobrecarga. Una vez que existe esta dualidad, la persona sufre de síntomas inexplicables y sueños extraños. Literalmente, ya no puede reintegrarse a sí mismo.

La desconexión como resultado de la sobrecarga, es un mecanismo de defensa clave en el cerebro humano. Una persona tensa puede presentar un sentimiento de alivio posterior a una mayor estimulación, pero este es un estado engañoso. El sujeto ha inducido un mecanismo represivo debido a la sobrecarga, y así, cuando la represión es efectiva, se produce un estado de bienestar (relajación télica); como el efecto que produce la meditación. Sin embargo, estos mecanismos se acompañan de una racionalización simbólica del bloqueo en la corteza cerebral izquierda (en especial por mentiras y alteraciones de la realidad), y la represión de los sentimientos del hemisferio derecho (al reprimirlos, invalidarlos e ignorarlos). Esto es por lo que es tan fácil perder el rumbo a través de las diversas alternativas que presumen aliviar la ansiedad y la tensión. El camino hacia fuera, siempre es el camino a través; lo que resiste persiste.

En un proceso lento y sutil, los padres infunden en sus hijos una red psicológica que atrapa los sentimientos y no permite que se liberen; una rigidez interna que resiste los impulsos naturales. Si nada de lo que hace el niño es correcto para sus padres, a él se le deja sin respuestas adaptativas (incluso las adaptativas neuróticas). La energía de su angustia y frustración se añadirá a la fosa común del sufrimiento psicológico, que conduce a que las sobrecargas y desbordamientos provoquen síntomas.

Hemos examinado como la escisión de la conciencia se desarrolla entre los dos hemisferios de la corteza cerebral, pero también puede suceder entre los centros alto y bajo del cerebro; entre el viejo cerebro de reptil, o sistema límbico, y la parte frontal de la corteza cerebral. El órgano del sistema límbico, parte de la zona baja del cerebro, es el más viejo en términos de evolución. Contiene un paquete más denso de células cerebrales y opera en una señal de frecuencia cuatro veces más rápida que la frecuencia típica de la corteza cerebral. Es la parte centra de la unidad de procesamiento del cerebro, con funciones paralelas (como el poderoso chip de una computadora RISC) enlazando la corteza cerebral consciente a través del sistema motor sensorial hacia el sistema nervioso del cuerpo.

El 70% de la capacidad cerebral está dedicada a controlar el cuerpo, y a recibir y procesar la retroalimentación kinestésica (sensación física). Cada percepción se registra automáticamente (incluidos los sentimientos emocionales), incluso aquellos recibidos cuando la corteza cerebral estaba inconsciente o era incapaz de representarlos (tal como sucede en los bebes). Se puede tener acceso a esas memorias en el estado hipnótico, cuando la corteza cerebral “se apaga” y ya no reprime las memorias del cerebro bajo, o la comunicación entre la parte alta y baja del cerebro pueda mejorarse con el desarrollo mental (incluida la descarga de bloqueos traumáticos). Su “poder cerebral” es responsable de los tremendos potenciales del inconsciente, que difícilmente se ponen a prueba dada la forma de vida de la mayoría de las personas, pero que se puede mostrar en ocasiones; por ejemplo, bajo hipnosis, o en los idiotas savant, que tienen acceso a esos poderes, dado el mal funcionamiento de su corteza cerebral.

El sistema límbico es el organismo central de procesamiento para los sentimientos y actúa como una “puerta de entrada a la conciencia”, es decir, conciencia con la totalidad del cerebro. Este sistema es óptimo en la comunicación limpia con los hemisferios izquierdo y derecho, que representan su información en sus propias maneras (simbólicamente el lado izquierdo, emocionalmente el lado derecho). Sin embargo, cuando enfrenta sentimientos intensos que la corteza cerebral no será capaz de asimilar, bloquea el dolor y lo recanaliza, fluyendo la salida de las energías hacia arriba a partir del sistema de activación reticular (SAR) en el tronco cerebral.

Entonces, estas energías difusas producen la activación de la parte frontal del cerebro; en lugar de ser dirigidas con precisión, se recanalizan a una diversidad de vías corticales que indirectamente activan la corteza a fin de que ayude en su propia defensa mediante la racionalización simbólica y la negación de sentimientos inaceptables. Es sólo cuando el dolor puede ser aceptado y considera que no hay necesidad de usar canales simbólicos -y que se logra una conexión frontal directa desde la corteza hacia abajo, hasta el sistema límbico- que se pueden detener la difusión de la actividad reticular. El sistema límbico también puede controlar conexiones SAR con el hipotálamo, que afecta el equilibrio hormonal y, por tanto, el cuerpo-mente de manera profunda; en particular la tiroides y el corazón.

El desbordamiento del dolor bloqueado puede encontrar salida de muchas maneras, tales como compulsiones. Por ejemplo, una urgencia sexual abrumadora puede ocurrir cuando el dolor bloqueado en el sistema límbico se desvía a un centro sexual, que a su vez provoca que la corteza tome conciencia de los sentimientos sexuales en lugar de la sensación original de dolor. La persona está inconsciente en el completo sentido de la palabra -aunque sea consciente de su urgencia sexual, su pareja y las técnicas sexuales- porque es totalmente inconsciente de la motivación de su conducta. Esta es la diferencia entre darse cuenta y ser consciente.

La única conciencia más allá de lo que es real, es la conciencia irreal. Una mente liberada sólo puede lograrse como resultado de conexiones específicas que se realizan para una conciencia histórica propia. El uso de LSD, al abrir de forma prematura la apertura de la puerta límbica, estimula continuamente la corteza a toda clase de pensamientos extraños, en un esfuerzo desesperado por defender y simbolizar el dolor liberado (pero no lo libera). La mente está fragmentada por sobreactivación, de modo que se pierden la coherencia y la discriminación. Debido a la sobrecarga, el número de conexiones recanalizadas proliferan. Algunas de ellas pueden abrir los programas superiores y provocar que se produzcan insights, pero la sobrecarga psicodélica puede destruir la integridad de la conciencia, y esto puede causar graves problemas posteriores.

Cuando el trauma primario se reactiva inconscientemente, los sentimientos afloran desde sus raíces límbicas. Si se bloquean en ese momento como una defensa contra la sobrecarga, se excluye el dolor de las experiencias específicas y se provoca una respuesta generalizada a una representación simbólica. En lugar de temer a una memoria específica con el padre, en su lugar se produce un temor reprimido para con las figuras de autoridad. Al estimularse, el miedo se puede extender a cualquier contacto social en la relación con los adultos. Esta es la base de la neurosis: generalizar un pasado reprimido en el momento actual, haciendo que las reacciones del presente sean inadecuadas.

Tomemos un ejemplo de conciencia “simbólica”. En lugar del sentimiento específico de que “Mamá no está nunca disponible para mí”, el pensamiento es “Las mujeres no sirven para nada y es mejor ignorarlas”. Qué tan extraño sea el simbolismo, depende del valor de la carga del dolor que está intentando tener acceso a la corteza frontal. Si ha tenido una cantidad suficiente de pérdidas, la persona puede llegar a despreciar a las mujeres y ser hostil hacia ellas en general. Las mujeres, en su darse cuenta, son un símbolo generalizado en el que proyecta su pasado sin tener conciencia.

La verdadera conciencia es algo que evoluciona a partir de nuestros sentimientos. Usted no “pierde la cabeza” con el propósito de sentir, más bien “encuentra su cabeza” en el sentido de encontrar las conexiones correctas. La conciencia, entonces, está determinada por el acceso horizontal y por la fluidez de las conexiones entre el sistema límbico y la corteza frontal. Cualquier estado superior de conciencia depende de que se lleven a cabo estas conexiones.

La corteza frontal integra las impresiones de las principales modalidades sensoriales (vista, oído, tacto, etc.), con representaciones de la información que provienen del sistema límbico y las coordina a modo de respuestas relacionadas conscientemente. Es el dolor lo que eleva el umbral de la corteza frontal para que la experiencia sensorial se mantenga sin darse cuenta de la realidad, tanto externa como internamente. La represión de los sentimientos significa la represión de lo que hay dentro y lo que viene de fuera. El cerebro “selecciona lo que ingresa”, y las formas que vemos y escuchamos. Deliberadamente deja de percibir, o racionaliza de manera tal que pueda suavizar el daño.

Las causas más comunes de la neurosis son simplemente las experiencias comunes de la infancia -todas las formas en que nuestras necesidades de niño fueron frustradas continuamente- debido a la rasgos negativos, estados de ánimo y advertencias (abiertas o en silencio) de uno o ambos padres. No es indispensable que haya ocurrido un terrible incidente (aunque la mayoría de las personas tienen algún trauma), sino un doloroso COEX (patrón condensado de experiencia emocional) que se acumula a través de una retroalimentación positiva del ciclo télico-paratélico. Uno se acerca, es golpeado y se repliega, más tarde lo intenta otra vez con mayor cautela y emerge gradualmente un patrón mal adaptado.