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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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Atención




La impronta de un nuevo patrón (útil o dañino) depende de la frecuencia, intensidad y duración del estímulo o información, y de la vulnerabilidad o voluntad de la persona para recibirlos.

La habilidad de atender el entorno es crucial para aprender y fundamental para la inteligencia. Si la atención de una persona se introvierte en mantener el material traumático reprimido, o si se baja el umbral de la atención para filtrar la posibilidad de exponerse a percepciones amenazantes, queda poca atención disponible para atender las tareas en curso y analizar la toma de decisiones. Sin la habilidad de enfocar la atención, la memoria de datos será mínima. Si la persona no presta atención, su inteligencia es igual a cero.

Es necesario un cierto grado de alerta antes de que la atención selectiva consciente entre en acción y la persona pueda seleccionar los estímulos apropiados en relación a todo lo que está sucediendo a su alrededor, para mantener la excitación enfocada hasta que haya concluido sus tareas. La inteligencia requiere un conjunto (y por supuesto una jerarquía) de adaptaciones mentales factibles o “herramientas”, con las que uno pueda manejar tareas sencillas prestando poca atención, de tal forma que la máxima atención pueda dedicarse a resolver los problemas en curso que suelen involucrar un tiempo de atención prolongado, manteniendo varias fuentes de pensamiento simultáneamente. Una persona que puede hacer esto será independiente de su entorno y en contacto con la realidad.

Con herramientas mal adaptadas (o inhabilidades), esto no es posible; el pensamiento se torna lento y no es capaz de responder con suficiente prontitud a las circunstancias cambiantes y desafíos. Él no cuenta con los recursos (suficiente atención prolongada) requeridos para aprender nuevas habilidades y recurrirá a ideas fijas para tratar de resolver su confusión, ocasionando mayor inadaptación. Puede permanecer fijo en un viejo patrón habitual y no ser capaz de seguir las secuencias de una situación de aprendizaje nueva. La respuestas bien adaptadas y los patrones de comportamiento continuarán en automático, no serán actualizados y pronto serán redundantes, o puede que sean aplicados de manera inapropiada. Una persona así, tenderá a ser dependiente del entorno, donde puede que esté adaptado socialmente pero sea incapaz de hacer algo constructivo en la vida.

También es necesario controlar la atención para ejercer la capacidad complementaria de retener una respuesta; por ejemplo, para inhibir selectivamente una respuesta reactiva interna, compulsión o hábito, o para eliminar el ruido de fondo de tal forma que pueda mantener el enfoque en un determinado elemento a fin de que pueda concentrarse (mantener la atención). El ser capaz de obtener una cantidad suficiente de datos en la mente, con diversos puntos de vista y dimensiones, y relacionarlos entre si, eventualmente permite que la imagen completa encuentre su lugar, una gestalt. Si se le dedica el suficiente periodo de atención, una experiencia traumática puede ser examinada y su carga eliminada.

Es posible que la información que entra en el cerebro se almacene en forma de hologramas, de modo que cada una de las escenas esté representada en diferentes áreas al mismo tiempo. Sin embargo, cada área procesará la representación de un modo diferente; el sistema límbico representará sentimientos; el sistema reticular la cantidad de energía; y la corteza procesará las especializaciones en el izquierdo, y en el derecho, fantasías simbólicas o el contexto emocional; y así sucesivamente. Se necesita todo el cerebro con todas sus representaciones para construir una imagen completa: la conciencia. Entonces, a una persona desconectada le sería posible saber acerca de sus privaciones, describirlas pero no sentir nada; o estar tensa y ansiosa por esas privaciones, pero no saber por qué.

Puede haber una tendencia a pensar que el cerebro derecho es inconsciente y el izquierdo consciente, pero en la práctica, la verdadera conciencia requiere de la integración de ambos hemisferios del cerebro, así como de que el sistema límbico esté conectado. Cuando enterramos los sentimientos, las ideas reales sobre esos sentimientos (y no una fantasía simbólica) se entierran junto con ellos en el lado izquierdo. Una persona dominada por el lado derecho del cerebro no es que sienta por completo, sino que es impulsiva. No le es posible analizar correctamente los acontecimientos y no puede evaluar las consecuencias de sus actos porque carece de las capacidades del cerebro izquierdo. Se necesitan dos para bailar un tango.

Se necesita energía y activación para mantener las puertas cerradas y evitar la conciencia total de los sentimientos, y esa energía no está disponible como reserva para ayudar a prevenir que la excitación télica se convierta en desagradable, o para entrar en un estado alto de excitación paratélica. Una persona que en verdad es estable, tiene acceso fluido a todas las partes del cerebro y el cuerpo, de modo que el sistema trabaje menos y pueda ser específico en relación a los sentimientos subyacentes en todo momento. La capacidad de ser específico es lo que detiene el proceso de generalización. Siempre y cuando la conciencia no conozca el evento y el momento específicos relacionados con el sentimiento de dolor, se mantiene desconectada e inconsciente, ejerciendo una fuerza que moviliza al sistema de manera difusa, produciendo ideas inadecuadas, compulsiones y síntomas físicos de forma incontrolada, con reacciones mecánicas a manera estímulo-respuesta.

Sin embargo, cuando dichos bloqueos se han eliminado, utilizando métodos analíticos que permitan un incremento gradual aceptable de confrontación con las experiencias originales, los sentimientos dolorosos pueden tener acceso a los centros superiores que representan los sentimientos dentro de la conciencia. Cuando esto sucede, la conciencia y el darse cuenta son uno mismo (es posible ser conscientes de la existencia de dolor sin tener la capacidad de ser consciente de ello, es decir, experimentarlos realmente).