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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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Tipos de cultura




Desde nuestros inicios culturales, la gran mayoría de los seres humanos hemos vivido en culturas dirigidas por la tradición, donde los valores, actitudes y creencia, se transmitieron incondicionalmente de generación en generación. La evolución se produjo gradualmente y un fuerte sentido de continuidad histórica dominó la vida de cada uno. Las culturas dirigidas por la tradición tienden, sin embargo, a ser de carácter “patriarcal”; el fascismo es la expresión más evidente del dominio del padre, como lo es la religión autoritaria. Es tal vez, significativo, que el Nazismo tuvo origen en la “Tierra del padre” en Alemania.

El carácter de las necesidades humanas siempre ha sido pre-condicionado por la sociedad conforme a sus intereses. Las falsas necesidades son las que se han impuesto en el individuo para controlar su conducta, para reprimir sus verdaderas necesidades, que no se ajustan a los intereses de los elementos de control de la sociedad (por ejemplo, tener una base de consumidores y fuerza de trabajo para la manufactura y servicio de motores industriales). Necesidades que perpetúan el trabajo duro, la miseria y la injusticia, y, por tanto, son causa subyacente de infelicidad, incluso cuando las necesidades se satisfagan.

La mayoría de las necesidades de relajarse, divertirse, comportarse y consumir, deben estar de acuerdo con la publicidad; amar y odiar lo que los demás aman y odian, pertenecen a esta categoría de falsas necesidades. Ofrecen una amplia gama de productos y servicios a los consumidores, para crear la ilusión de gozar de un cierto grado de libertad; de hecho, no hay libertad si estos bienes y servicios están basados en controles sociales que imponen una vida de trabajo duro, miedo y enajenación.

En los ámbitos más desarrollados de la sociedad contemporánea, convertir los intereses creados en necesidades individuales, es tan eficaz que la diferencia entre ellos parece ser puramente teórica. ¿Se puede realmente distinguir entre los medios de comunicación como instrumentos de información y entretenimiento, por un lado, y como agentes de manipulación y adoctrinamiento, por el otro? ¿Y entre la comodidad de tener un auto y contaminar el medio ambiente; entre el trabajo para defender a la nación y que las corporaciones de la guerra tengan grandes ingresos; entre los horrores y las comodidades de la arquitectura funcional? En las sociedades industrializadas avanzadas, las personas se reconocen en sus mercancías, encuentran el alma en sus autos, estéreos, equipos de cocina o hipotecas. Los vínculos sociales de épocas anteriores se han transformado, y el control social se nos ha inoculado a través de las nuevas necesidades que ha producido.

La idea de “libertad interior” designa el espacio privado en el que el hombre puede llegar a ser y continuar siendo “él mismo”, independiente de las influencias de la opinión pública. Hoy en día, ese espacio privado, en el que la oposición al estatus quo podría echar raíces, ha sido invadido y reducido. Las funciones socializadoras de la familia, en la que podría ser discutida una visión objetiva, están cada vez más dominadas por la televisión.

Los bienes y servicios que produce la sociedad industrial, “venden” o imponen el sistema social como un paquete completo. Los medios de transporte y comunicación, las comodidades de la vivienda, alimentos y ropa; la irresistible proyección de la información y el entretenimiento, llevan prescrito consigo actitudes y hábitos que seducen a los consumidores, de forma más o menos agradable, hacia los productos y hacia todos los paradigmas del sistema. El adoctrinamiento que implican deja de ser publicidad para convertirse en una forma de vida. Mientras las necesidades sean satisfechas, aparenta ser una buena forma de vida (las necesidades reales son reprimidas), pero entonces surge un patrón de pensamiento y comportamiento de una sóla dimensión, en el que las ideas, aspiraciones y objetivos que no apoyan al sistema establecido, o bien no aparecen, o si lo hacen parecen ilógicas.

Si los medios de comunicación mezclan el arte, la política, la música y la filosofía, con la publicidad comercial, la cultura se convierte entonces en parte de la cultura material. En esta transformación pierde la mayor parte de su valor o es invalidada. La música del alma es también la música del arte de las ventas. Las imágenes artísticas en las que se ha vertido el espíritu, después de mucho sudor intelectual y agitación emocional, se convierte en un objeto de satisfacción inmediata. Lo que originalmente era una manifestación del Self -sexualidad y agresividad- para liberarse de los tabúes sociales, queda absorbido por el tejido social.

Al promover la satisfacción inmediata de los impulsos más íntimos de sus ciudadanos (condicionados por la cultura), genera cohesión social y satisfacción. Encontramos motivaciones eróticas y violentas, difundidas en formas socialmente aceptables (revistas, cine, deporte, etc.) que no ponen en peligro al sistema; de hecho, lo refuerzan. Esto contrasta con las culturas tradicionales (no mecanizadas), en las que había poca gratificación inmediata o sin esfuerzo, y la libido, la energía de los instintos de vida, se sublimaba como auto expresión en la poesía, literatura, arte y música; en la exploración y descubrimientos científicos; en contemplaciones religiosas y filosóficas, y así sucesivamente. Es cierto, este romántico mundo pre-tecnológico también estaba impregnado de miseria, trabajo duro y suciedad, pero había un “paisaje”, un medio de experiencia libidinal “erótica” que hoy en día rara vez se ve, debido a la desublimación, que es tan fácil de conseguir.

En los tiempos modernos, prácticamente todas de las culturas dirigidas por la tradición, incluida la nuestra, han sido abrumadas y transformadas por valores dirigidos por otros, que rechazan las tradiciones del pasado en su totalidad por haber sido sofocantes y opresivas, y buscan nuevos significados en los movimientos e ideas modernas, como el socialismo, el feminismo, la homosexualidad, la promiscuidad, el uso de las drogas, el vandalismo, el culto de afiliación, etc. Su motivación suele ser escapar de la carga de responsabilidad que significa la realización del Self. El centro de gravedad de la cultura pasó de la madurez a la inmadurez. Se puso el énfasis en la rebeldía contra la generación de los padres y en la solidaridad con los grupos afines.

El concepto revolucionario cambia con cada generación, basando sus principios no en lo que “ha demostrado que funciona”, sino en lo que “todo mundo piensa”. La rapidez con la que se actualiza la moda contemporánea, es una función de los medios de comunicación omnipotentes, con su poder para definir lo que “todo mundo piensa” y asegurarse de que “todo el mundo lo esté haciendo”. Una vida dirigida por otros produce la adopción de una pseudo-identidad, distrayendo a la persona que está a la “Moda” de desarrollar un carácter maduro firmemente arraigado en la realidad de su propia naturaleza.

Una alternativa más satisfactoria que las culturas descritas anteriormente, estaría basada en una tercera orientación: dirigida desde la interioridad. La persona que está dirigida desde su interioridad, no basa su sentido de valía o identidad únicamente en la tradición, o conforme con las modas de su grupo de iguales, sino en los recursos de su propia naturaleza. Esta tercera orientación sólo puede lograrla un individuo que está en proceso de desarrollar su propio carácter, de convertirse en “independiente del entorno” con una voluntad determinada por sí mismo (basada en el auto conocimiento), en lugar de ser efecto de la manipulación. El hombre o mujer más original, creativo y sobresaliente, es siempre de este tipo y, sin embargo, no son del tipo “elitista”, ya que están a disposición de todos los seres humanos desde la valentía de sus convicciones. Es la forma de vida que tiene como objetivo la “individuación”: poner de manifiesto el potencial más alto del Self arquetípico y espiritual.